Lucas Pérez, un demonio con ángel

FÚTBOL DEPORTIVO | 20 de octubre de 2014

El delantero del Deportivo Lucas Pérez celebra el segundo gol de su equipo ante el Valencia, en el partido de la octava jornada de liga en Primera División que se disputó este domingo en el estadio de Riazor en A Coruña. EFE

A Coruña, 20 oct (EFE).- Dos lesiones aplazaron su puesta en escena hasta el momento en que el Deportivo, el equipo en el que había querido jugar desde niño, más le necesitaba, la situación perfecta para un demonio con ángel, el extremo Lucas Pérez.

Su técnico, Víctor Fernández, apoyó en él la revolución del Deportivo ante el Valencia (3-0), un triunfo que ha reforzado al preparador blanquiazul, a los jugadores y a la afición y que ha servido para sacar al equipo de los puestos de descenso tras haber afrontado como colista el segundo parón del campeonato.

Lucas Pérez, con 26 años recién cumplidos, tuvo el debut perfecto en Primera, el que siempre había soñado: con la camiseta del Deportivo, equipo en el que deseaba jugar desde pequeño, con la afición volcada, con un gol y con un triunfo revitalizante para él y para el club.

La rabia que llevaba acumulada explotó tras su tanto, que celebró con efusividad, primero contra la valla de publicidad y, acto seguido, abrazándose a compañeros y aficionados.

Tardó en regresar a su campo, se gustó en la celebración, pensó en todo lo que le había costado llegar hasta donde estaba, recorrió Riazor con la mirada, levantó el brazo y siguió el partido.

La alegría hubiera sido completa si sus abuelos, Manuel y Manuela, que le criaron, hubieran podido ver en Riazor su debut como deportivista, porque el gol iba dirigido a ellos y a los amigos que le cuidaron en los momentos complicados que le tocó vivir.

El fútbol de Lucas es el de la calle, donde gastaba dos pares de botas al mes, y también de escuela, la que le brindó el Victoria de A Coruña, el equipo por el que pasó también Luis Suárez, único Balón de Oro español, y que le abrió las puertas del Deportivo Alavés.

Después, regresó a Galicia, una etapa efímera, hasta que se lanzó a otra aventura, esta vez en Madrid, en las categorías inferiores del Atlético.

Allí destacó, tuvo la opción de seguir como rojiblanco, de fichar por el Real Madrid C o de irse al Rayo Vallecano, al que escogió con la promesa de llegar al primer equipo.

Destacó en el filial, pero no tuvo las oportunidades que esperaba en el equipo profesional, así que volvió a hacer las maletas y se alejó aún más de Galicia.

Pisó Ucrania, donde destacó en el Karpaty y pasó los peores momentos de su carrera en el Dinamo de Kiev hasta que el fútbol volvió a sonreírle en el PAOK de Salónica griego.

El verano pasado, al igual que había ocurrido año y medio antes, se le abrieron las puertas del Deportivo y puso todo de su parte para cumplir su sueño.

Su fichaje fue un culebrón por las dificultades que ofreció el Karpaty, pero finalmente llegó al Deportivo cedido por el PAOK hasta junio, con opción de compra.

Firmó a mediados de julio, fue presentado a finales de mes, y en su primer día de trabajo, sufrió un esguince de rodilla.

Fue el primer contratiempo como blanquiazul, no pudo irse con sus compañeros a Colombia, pero sí se recuperó a tiempo para mostrar su explosividad en los minutos que dispuso en la final del Teresa Herrera.

Días después, volvía a estar de baja, esta vez por una rotura muscular que le tuvo en el dique seco más tiempo del previsto.

Desde la grada le tocó ver a su equipos sufrir en el campo, ahogarse ante el Real Madrid (2-8), el Celta de Vigo (2-1) y el Almería (0-1).

Su técnico, Víctor Fernández, le citó para el partido ante el Sevilla (4-1), en el que no llegó a debutar, y, con el equipo colista de la Liga BBVA, llegó su momento ante el Valencia.

No lo desaprovechó, contagió al equipo con sus ganas, su carácter, su compromiso y aportó el segundo gol en una jugada que nació de un saque en largo del portero y una asistencia del portugués Cavaleiro.

Lucas recogió el balón, se marchó con velocidad, entró en el área y definió con la zurda, a la izquierda del portero, que llegó a tocar lo suficiente para que el balón rebotara en el poste, pero no para evitar que acabara en la red.

"Sabe descargar el juego, es pícaro y tiene ángel, me lo transmite. El ángel es que tira, pega en el poste y entra, porque a otro le habría ido al poste y fuera", declaró el entrenador del Deportivo a la conclusión del partido.

Lucas, que tiene un marcado acento coruñés, es la extensión de la afición en el campo, donde se comporta como un demonio con ángel.

Carlos Alberto Fernández

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