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La relación de Messi con su selección en 7 claves

COPA AMÉRICA | 07 de julio de 2015

Messi, capitán de la selección. EFE

DIEGO BARCALA.- La derrota de la selección argentina en la Copa América se ha centrado en su estrella Leo Messi con tanta fuerza como se hubiera centrado la victoria. Era previsible y casi inevitable si tenemos en cuenta las siguientes claves que rodean la relación del misterioso genio con la selección de su país. 

Mitomanía. No hace falta ser un reputado antropólogo para saber que Argentina es el país mitómano por excelencia. Su historia tiene grandes ejemplos en la cultura y la política pero también en el deporte. El Ché, Perón, Gardel o Maradona ejemplifican la visión personalista de la vida argentina. En ese contexto, Messi es visto como un auténtico Dios en la tierra, capaz de todo contra todos por sí mismo.

Martino. El entrenador de Rosario llegó al FC Barcelona prácticamente por ser el elegido de Messi. Un hombre de su confianza, de su ciudad, de su club de origen, de su cultura y entendimiento. Leo no se adapta al sistema táctico, la táctica se adapta a la manera de jugar de Messi. Martino diseñó un once inicial al margen de los libros de táctica. Juegan 10 y un genio. En el fútbol tan profesional y rocoso, como el que practicó Chile, no siempre basta con eso.

Colectivo. Se dice que Maradona ganaba sólo los partidos. Que ganó un Mundial solo y dos ligas italianas. La revisión de esos equipos con los que jugó Maradona demuestra que no es cierto. Los jugadores que rodearon a Maradona en sus éxitos no eran grandes generaciones, pero tampoco eran una banda de jugadores desclasificados. Cualquier jugador, por genio que sea, necesita complementos. Messi en Barcelona levanta la cabeza y a su alrededor ha encontrado a Iniesta, Xavi, Neymar, Eto’o, Pedro, Ronaldinho… No siempre ha tenido tantos buenos socios en su selección. La lesión de Di María en la final, le dejó sin un socio básico.

Autocensura. Un tic de la prensa deportiva forofa es la autocensura. La pluma al servicio del vestuario. Tanto en Barcelona como en Argentina existe un ejército de la prensa al servicio del éxito deportivo del Barça y la selección. Ese periodismo ayuda, empuja a la grada, calma a los jugadores, pero impide corregir los defectos. Messi, un jugador superlativo, también puede mejorar. Lo hizo Michael Jordan cuando volvió con 40 años. ¿Por qué no pedir a Messi que cuando el equipo se atasca quizá no tenga que definir sino ayudar a los defensas a sacar la pelota? Son preguntas que muchas veces se evitan en la prensa que rodea a Messi para evitar erosionar al mito.

Maradona. Cualquier comparación con la figura del dominador del fútbol en los 80 es complicada. A estas alturas de la carrera de Messi, no hay dudas de que el actual 10 es un jugador más completo que Maradona. Pero el mito de Diego crece tanto día a día que se exige a Messi que sea Maradona “todos los días”, como le definió Jorge Valdano. Y una cosa es ser considerado un Dios y otra bien distinta es serlo en cada minuto jugado. 

Carácter. Si algo diferencia a Messi de Maradona es su actitud sobre el césped. Maradona era un líder carismático, conectaba a la grada, se exhibía, protestaba, gesticulaba, se inspiraba… Hacía todo tipo de cosas extraordinarias a lo largo de un partido. A veces incluso para mal. Pero Messi es tímido sin la pelota. Está cómodo en una banda, no habla con sus compañeros, no protesta al árbitro. Es una máquina de concentración que se activa cuando le llega la pelota. Ahí sí explota una personalidad inigualable. En la final del FC Barcelona en Berlín, el equipo le necesitó cuando la Juve empató. Y Messi estuvo 10 minutos viendo a su equipo perder una final hasta que decidió ayudar. El pasado sábado fue un espectador durante rachas de tiempo eternas en las que su equipo no salía del área.

Genio. Dicho todo lo anterior, basta una derrota suya para encadenar cinco victorias impensables. Es el mayor talento de la historia del fútbol. Nadie alcanzó semejantes niveles de perfección en las facetas más difíciles de este deporte. Aún así, el fútbol es más grande que su propio dios y para ganar no siempre basta con tener a Messi.

 

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